Apunto de cumplirse cinco meses desde que el 1 de junio entró en
vigor el nuevo certificado energético con el que deben contar todas las
viviendas que se vendan o alquilen en España, todavía hoy esa etiqueta
genera muchas dudas. Expertos certificadores reprochan a la
Administración central (fundamentalmente al Ministerio de Industria) y a
la autonómica (el control e inspección de esos certificados corresponde
a las comunidades autónomas) algunas de las falsas verdades que ha
generado este certificado entre la opinión pública.
En primer lugar, los expertos consideran que no se ha hecho la
suficiente pedagogía sobre la importancia de cumplir la ley, ya que no
disponer de certificado o publicitar una calificación falsa será
constitutivo de sanciones que pueden oscilar desde los 300 euros si es
leve a los 6.000, en caso de infracción muy grave. “Muchos propietarios
se enterarán de que debían disponer de ese certificado cuando se les
notifique la sanción, como ya ocurrió en Italia”, advierten en una
empresa dedicada a emitir estos documentos.
Pero, sin duda, lo que más critican unos y otros es que no se ha
informado a la ciudadanía sobre qué significa la escala que va desde la A
(de ahorro), que supondría obtener la mejor nota, hasta la G (de
gasto), un suspenso en toda regla. Hay tal desconocimiento que, por
ejemplo, todo propietario de una casa de reciente construcción pensaba
que su etiqueta estaría entre las mejores (A, B o C), “como si ser una
casa nueva otorgara automáticamente una buena calificación energética.
Y, sin embargo, hasta el año 2007 no existía en España normativa sobre
la construcción de viviendas energéticamente eficientes”, señalan
fuentes de Certicalia, plataforma certificadora a nivel nacional.
Pocos certificados, muchos suspensos
Entonces, ¿qué hace falta para llegar a esa A, al sobresaliente en
materia de eficiencia energética? Una vivienda con una etiqueta A es una
casa con emisiones de CO2 casi nulas. “Es decir, que por su
construcción apenas necesita aporte de calefacción o refrigeración, ya
que sus materiales son tan aislantes que no se ve afectada por la
temperatura exterior.
Y en el caso del agua caliente o si necesita un mínimo aporte de
climatización, que lo haga mediante energías renovables”, explican desde
el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).
Así, las casas clase A emiten desde cero a 5,4 kilos de CO2 por metro
cuadrado y año. La letra más baja, la G supone que el inmueble en
cuestión es responsable de la emisión de más de 47,7 kilos de CO2 por
metro cuadrado y año.
¿Qué nota media están obteniendo los pisos que ya han solicitado en
España esta certificación? Lo primero que llama la atención es que en
estos casi cinco meses y aunque no existen estadísticas oficiales,
apenas se han solicitado unas 100.000 certificaciones, menos del 10% del
volumen total de casas que se venden o alquilan en la actualidad.
Tal y como admite la empresa de intermediación de arrendamientos
Alquiler Seguro, la mayoría de las casas suspende este examen, ya que
las etiquetas más registradas son la E, que sitúa a los inmuebles que la
obtienen por debajo de la media y la D, que representa un aprobado
raspado. Según los datos de Certicalia, más de la mitad de las viviendas
calificadas, el 52%, ha obtenido una E, le siguen con un 20% (una de
cada cinco) la G, la peor nota posible y muy igualadas con un 12% del
total aproximadamente la D y la F. Ni la A ni la B, las dos mejores
calificaciones, se otorgan a más de un 1% de las casas inspeccionadas.
En cuanto a los precios que se están cobrando por la emisión de estos
documentos, Certicalia admite que según sus datos oscilan mucho, hasta
el punto de poder variar desde los 75 euros hasta los 250, siempre más
IVA. Dicha dispersión depende de que se trate de una casa más o menos
grande y de la demanda de la zona. Otras empresas certificadoras
advierten que se debe desconfiar de tarifas inusualmente bajas (por
debajo de 80 euros) y, sobre todo, si garantizan a priori una nota
elevada.
Algunas medidas que ‘abrigan’ al edificio
Otra de las cuestiones que muchos propietarios y arrendadores
desconocen es que cuando se emite el certificado, la documentación que
lo acompaña suele incluir una serie de recomendaciones a seguir para
mejorar la nota obtenida por la vivienda en al menos uno o dos
escalones. “Se trata de abrigar la casa, de forma que todo el calor o
frío que se genere en su interior pueda ser aprovechado”, señalan en
Certicalia.
¿Qué mejoras contribuyen a aumentar esa eficiencia energética? Entre
las más habituales destaca la de reforzar el aislamiento de los muros.
En este tipo de obras es vital la elección de los materiales y tener
presente que no valdrá la misma solución para dos edificios, puesto que
habrá que tener en cuenta la orientación y la zona climática.
Otra actuación eficaz es añadir protecciones solares a las fachadas
más castigadas por el sol o renovar las ventanas para solucionar la
posible fuga de calor en invierno y frío en verano, cuando se trata de
refrescar el interior de la casa.
También es posible obtener ahorros con la sustitución de la caldera
por otra de mayor rendimiento o decantarse por “uno de los sistemas que
ofrece mayor respeto al medioambiente como es la bomba de calor”, tal y
como explica Mario Jiménez, de Panasonic.